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Por: Yolaine Vásquez
SANTO DOMINGO.-Tensión, gritos y destrucción. Más de 50 familias en El Bajo Yuna están viviendo una pesadilla. Hombres armados, escoltados por agentes de la Policía Nacional, han irrumpido en la zona con una sola intención: sacarlos de sus tierras sin ninguna orden judicial.
El ambiente aquí es de caos y desesperación. Los residentes defienden con firmeza sus tierras mientras enfrentan la amenaza de desalojo.
Los testimonios son desgarradores. Casas incendiadas, sembradíos arrasados y pertenencias reducidas a cenizas. La comunidad asegura que las bombas de agua han sido robadas, dejando los cultivos a merced de la sequía.
Pero la violencia no es su único enemigo. Afirman que, a pesar de contar con títulos de propiedad, las autoridades los han ignorado. Han acudido a la Fiscalía buscando ayuda, pero revelan que ni siquiera les han permitido formalizar sus denuncias.
Además del daño material, el temor se extiende entre los agricultores. Dicen que el desalojo y la incertidumbre han paralizado la producción, lo que significa pérdidas millonarias para quienes dependen de la tierra para sobrevivir. “Si no sembramos, no comemos”, lamenta uno de los afectados, mientras observa cómo su cosecha se pierde ante sus ojos.
La tensión crece y el miedo a un enfrentamiento es real. Los afectados claman por la intervención del gobierno antes de que esta crisis termine en tragedia.