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SANTO DOMINGO.- El Mercado de Cristo Rey representa un punto de encuentro crucial para la comunidad en el comercio local y abastecimiento de productos, sin embargo, aunque refleja una fachada impecable, su infraestructura interna está lejos de cumplir con los estándares que sus comerciantes y usuarios necesitan. Las falencias son evidentes y afectan a quienes dependen de este espacio para su sustento.
Desde su inauguración, los vendedores han sufrido constantes inconvenientes. Según ellos, las filtraciones de agua son recurrentes, los ascensores están fuera de servicio, las cámaras de seguridad no funcionan y, además, se enfrentan a frecuentes fallas en el suministro eléctrico.
A través de nuestro recorrido pudimos contactar que algunos locales están rodeados de insectos y que a pesar de ser una constante molestia no han detenido las ventas.

La seguridad también es una preocupación clave. Los baños, constantemente dañados por delincuentes que roban accesorios y vandalizan las instalaciones, reflejan la falta de vigilancia en el mercado, lo que genera un clima de incertidumbre y temor entre los trabajadores.
A pesar de que los mercaderes cumplen con sus obligaciones fiscales, las autoridades locales se han mostrado lentas en la reparación de los servicios básicos, y en muchos casos, los comerciantes se ven obligados a asumir el costo de las reparaciones por su cuenta.
La situación en el Mercado de Cristo Rey es urgente. La estructura perfecta por fuera no refleja las necesidades internas de un mercado que es vital para la comunidad. Los comerciantes exigen una respuesta inmediata para poder operar en condiciones dignas y seguras.