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La transparencia en la comunicación de gobierno no es solo ética: es estratégica

por La redacción

Leonardo Gil, Consultor en comunicación política y de gobierno.



«En 1789, el rey Luis XVI de Francia anotó en su diario personal la palabra ”Nada” el mismo día en que el pueblo asaltó la Bastilla, marcando el inicio de la Revolución Francesa. Un monarca desconectado de su pueblo, que no supo comunicar ni escuchar, pagó el precio más alto. Hoy, en plena era digital, los gobiernos que repiten ese error (opacos, herméticos o tardíos en su comunicación) no enfrentan una guillotina, pero sí algo igualmente devastador: la pérdida de credibilidad, el descontento social y la erosión de la democracia. 

¿Cómo evitar ese colapso? La respuesta está en hacer de la comunicación gubernamental un puente de transparencia, no un muro de opacidad. La comunicación gubernamental es el arte de transformar datos en confianza, discursos en diálogos y la rendición de cuentas en una práctica cotidiana. 



«En 2020, mientras algunos países ocultaban datos sobre el COVID-19, Nueva Zelanda publicaba en tiempo real hasta las reuniones de su gabinete. Resultado: una de las tasas de confianza ciudadana más altas del mundo. La transparencia no es solo ética: es estratégica. ¿Por qué muchos gobiernos aún no lo entienden?»

En un mundo donde la información fluye a velocidades sin precedentes, gracias a tecnologías como el 5G, los gobiernos tienen la oportunidad y la responsabilidad de utilizar la comunicación no solo para informar, sino para construir confianza, fomentar la participación ciudadana y garantizar la rendición de cuentas.

La transparencia no es solo un concepto abstracto; es un principio fundamental para la gobernanza democrática. Cuando hablamos de transparencia, nos referimos a la capacidad de los gobiernos para hacer accesible la información pública de manera clara, oportuna y veraz. 

En este contexto, la comunicación de gobierno juega un papel crucial. No se trata solo de difundir datos, sino de hacerlo de manera que los ciudadanos puedan comprender, analizar y utilizar esa información para tomar decisiones informadas. 

Por ejemplo, en países como Estonia, el uso de plataformas digitales ha permitido que los ciudadanos accedan a información gubernamental en tiempo real, desde datos presupuestarios hasta el estado de sus trámites personales. Esto no solo ha aumentado la eficiencia, sino que ha fortalecido  la confianza en las instituciones. 

La transparencia, por tanto, no es un fin en sí misma, sino un medio para construir una relación de confianza entre el gobierno y la sociedad. Y en esta era de desinformación y fake news, esa confianza es más importante que nunca. 

La comunicación de gobierno no es solo una herramienta para informar; es un puente hacia la transparencia, la confianza y la participación ciudadana. En esta era de transformación digital, con tecnologías como el 5G, tenemos la oportunidad de reinventar cómo los gobiernos se comunican con sus ciudadanos. 

Pero no olvidemos que la tecnología es solo un medio. El verdadero desafío es construir una cultura de transparencia, donde la información sea un bien público y la rendición de cuentas sea una práctica constante. 

Como comunicadores, funcionarios y ciudadanos, tenemos la responsabilidad de trabajar juntos para asegurar que la comunicación de gobierno sea un instrumento de democracia, inclusión y justicia. 

MIENTRAS TODO ESTO OCURRE EN MUCHAS DEMOCRACIAS DEL MUNDO, NOSOTROS NOS ESTAMOS QUEDANDO ATRÁS.

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