Por: Federico A. Jovine Rijo
A veces, el problema de la teoría es llevarla a la práctica. No se trata de repetir el mantra del microcrédito, hablar de su efecto democratizador bancario o pontificar sobre Yunus.
Se trata de que, aún sabiendo el impacto positivo que significa para decenas de miles de micro y pequeños empresarios en el país –62 % del empleo lo generan las mipymes– poder acceder al crédito en condiciones ventajosas, el problema de fondo es, cómo ejecutar la teoría en condiciones de transparencia, universalidad en el acceso, equidad, y –sobre todo–, alejada de la política.
Los números mostrados por el presidente Luis Abinader y Fabricio Gómez Mazara –director de PROMIPYME– en LA SEMANAL del lunes pueden que no sean relevantes en materia del gran negocio bancario, pero, evaluados desde el prisma de su impacto social, son trascedentes y merecen ser ponderados.
Más allá del crecimiento vegetativo o cualquier otra variable predecible, que de agosto de 2020 (RD5,578 MM) a enero de 2025 (RD9,742 MM) la cartera haya aumentado un 74.62%, refleja también el fortalecimiento de una entidad que ha establecido cuál es su público meta, y que ha desarrollado políticas eficientes de fortalecimiento interno, captación de clientes y expansión crediticia.
Los microcréditos pueden que sean “micro” para quienes tienen acceso al banco con sólo llamar a su oficial, o poseen líneas de crédito abiertas; pero, para los microempresarios, la diferencia entre financiarse a un 12% anual o al “módico 20%” mensual, es también la diferencia entre trabajar para sí mismos o trabajar para otros.
Las palabras de Gómez Mazara indican cuál es la verdadera discusión de fondo y el desafío conceptual subyacente: “PROMIPYME no es un banco de pobres ni un banco que tiene que regalar recursos”, y esto es cierto por muchas razones; porque PROMIPYME no “regala”, presta dinero a tasas subsidiadas a quienes no pueden acceder al sistema bancario por su informalidad. Es decir, lejos de ser la última opción, constituye la primera y mejor opción que tienen los emprendedores dominicanos que quieren hacer realidad sus sueños en un país donde la informalidad es la norma.
Pero no sólo es un mecanismo de democratización del crédito. También es, gracias a sus programas de acompañamiento permanente, una institución que educa al prestatario y lo convierte en mejor empresario, favoreciendo a personas de escasos recursos y conocimientos; sobre todo a mujeres –destinatarias del 51.2% de la cartera– lo que, sin duda, contribuye a su autonomía y emancipación financiera Si grandes son los desafíos e importantes han sido las mejoras logradas a nivel institucional y en indicadores de desempeño; así también, grande es la necesidad de que PROMIPYME cuente con mayor apoyo presupuestario y pueda aumentar su cartera de préstamos e impactar en más hogares; para que, con el acompañamiento de un personal que ha hecho del servicio su mejor activo financiero, contribuya aún más al fortalecimiento de la micro, pequeña y mediana empresa.