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Por: Yolaine Vásquez
REDACCIÓN INTERNACIONAL.–Antes de las recientes medidas migratorias en Puerto Rico, la Placita Barceló y los negocios de comida y bebidas de barrio Obrero eran vibrantes puntos de encuentro. Sin embargo, con el inicio de las redadas y los controles migratorios, el panorama ha cambiado drásticamente.
Aunque los negocios siguen operando, la clientela ha disminuido considerablemente, afectando tanto a comerciantes formales como a vendedores informales.
Hasta hace pocas semanas, estos negocios ubicados en Barrio Obrero, junto a la Placita Barceló, eran el epicentro de la vida nocturna y el punto de encuentro de muchos migrantes y residentes. Restaurantes, bares y comercios funcionaban a toda capacidad, atrayendo a cientos de personas cada día.
Pero hoy, la realidad es otra. Aunque siguen abiertos, la clientela ha disminuido drásticamente, afectando las ventas y poniendo en riesgo la estabilidad de muchos comerciantes.
“Antes, esto era un punto de encuentro todos los días. Ahora, apenas entra gente. Se siente la diferencia y nos está afectando mucho.”
El desplome de las ventas ha obligado a muchos dueños de negocios a tomar decisiones difíciles, como reducir personal.
La Placita Barceló era un espacio clave para el comercio informal. Cada fin de semana, vendedores ambulantes ofrecían comida y productos a los visitantes, generando ingresos para muchas familias.
Hoy, la historia es distinta. Con la caída en la afluencia de público, estos comerciantes han visto reducirse sus ingresos al mínimo.
Bares, restaurantes y vendedores ambulantes enfrentan un panorama incierto. La baja afluencia de clientes mantiene en jaque la economía local.
Comerciantes esperan que la situación mejore y que las autoridades tomen en cuenta el impacto de estas medidas en el comercio local.