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Por Yolaine Vásquez
A pesar de la constante presencia de agentes policiales, la estación María Montez, en el kilómetro 9 de la autopista Duarte, sigue siendo un terreno de caos total.
Desde primeras horas del día, los vendedores informales, mayormente haitianos, regresan con sus mercancías, ocupando la zona y bloqueando el paso de vehículos y peatones, como si las autoridades nunca hubieran intervenido.
Ni las denuncias recibidas por nuestro multimedios El Demócrata ni los múltiples reportajes realizados han logrado cambiar la realidad de la estación. El aparente control es solo temporal. Con cada hora que pasa, el desorden resurge con la misma intensidad. Los vendedores se reagrupan, y la parada se convierte en un mercado improvisado, sin que nada parezca frenar este ciclo interminable de caos.
Usuarios y ciudadanos expresan su frustración ante la ineficacia de las autoridades. “Esto es un desastre, las autoridades vienen, hacen el show y luego todo sigue igual”, denunció un transeúnte que usa la estación a diario. Otros afirman que el problema no es solo de comercio informal, sino también de seguridad, ya que el desorden facilita los robos y otros delitos.
El fracaso es evidente. A pesar de los operativos de seguridad y las medidas migratorias, los vendedores informales han burlado a las autoridades una y otra vez.
La parada sigue siendo un epicentro de desorden, donde el control gubernamental es inexistente y quienes violan las normas continúan actuando sin consecuencias.