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Por Francisco Tavárez
En una muestra más de su desconexión con la realidad, el presidente de la Cámara de Cuentas, Janel Ramírez, ha decidido culpar a los medios de comunicación por la ausencia de auditorías publicadas durante su gestión. Es insólito que, en lugar de asumir la responsabilidad que recae sobre su cargo, Ramírez pretenda convertir a los medios en chivos expiatorios de su evidente fracaso.
Este funcionario, con un historial cuestionable que incluye serias denuncias de acoso, abuso y agresión sexual, parece más preocupado por defender su imagen personal que por cumplir con las funciones esenciales de la institución que encabeza. Durante su reciente evaluación, en lugar de abordar los graves problemas de su administración, Ramírez dedicó su tiempo a hablar de sí mismo, demostrando un preocupante nivel de narcisismo y falta de autocrítica.
El colmo de su estrategia defensiva es tildar a los medios de comunicación de «sicarios». ¿Esperaba acaso que los periodistas ignoraran las deficiencias de su gestión y encubrieran su ineptitud? Los medios, lejos de ser los responsables de su desastre administrativo, han cumplido con su deber de informar, exponiendo las irregularidades y la falta de resultados en la Cámara de Cuentas.
La ciudadanía merece instituciones transparentes y responsables, no líderes que eluden su deber y atacan a quienes les exigen rendir cuentas. Janel Ramírez debería enfocarse en corregir el rumbo de su gestión en lugar de intentar silenciar a los medios que simplemente reflejan la realidad de su incompetencia.