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Por Francisco Tavárez
El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), bajo la dirección de Deligne Ascención, enfrenta una creciente ola de críticas, por lo que muchos consideran una gestión marcada por la ineficiencia y la falta de resultados concretos. Con cinco años al frente de la institución y el mayor presupuesto en su historia, las expectativas ciudadanas eran altas. Sin embargo, las promesas se han quedado cortas frente a la realidad.
Carreteras en mal estado, falta de iluminación y proyectos de infraestructura clave que avanzan a paso lento son algunas de las principales quejas de la población. En lugar de enfrentar estas críticas con soluciones concretas, el MOPC parece haber adoptado una estrategia defensiva, enfocada en desacreditar a los comunicadores que exigen respuestas y acusándolos de llevar a cabo una «campaña» en su contra. Este enfoque no solo desvía la atención del problema real, sino que también genera desconfianza entre la ciudadanía.
No valen las defensas de partidarios, amigos o funcionarios, eso no dará resultados que la población perciba como soluciones.
La realidad es que la honestidad y la transparencia, aunque fundamentales, no son suficientes para gestionar una cartera tan crucial como la de Obras Públicas. El país necesita liderazgo, visión y una ejecución eficiente de los recursos. Cada día que pasa sin avances palpables representa un retraso en el desarrollo nacional y una carga para millones de ciudadanos que dependen de infraestructuras adecuadas para su vida diaria.
Por otro lado, también surge una pregunta clave para el Presidente Luis Abinader: ¿Vale más la lealtad personal hacia un amigo que el futuro y la credibilidad de su gobierno? Los dominicanos esperan resultados, no excusas ni discursos vacíos. La gerencia eficaz debe prevalecer sobre la afinidad personal.
Es hora de priorizar el interés colectivo sobre cualquier otra consideración. El MOPC debe enfocarse en entregar obras concluidas, funcionales y de calidad que respondan a las necesidades reales de la población. Presidente Abinader, su legado también está en juego. La paciencia de la ciudadanía tiene un límite, y la historia juzgará su decisión de actuar o de permanecer indiferente.