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Por Francisco Tavárez
Las alarmas se encienden nuevamente tras la reciente detención de un grupo de haitianos en el Parque Nacional Los Haitises, sorprendidos en plena destrucción del ecosistema mediante tala, quema y conuquismo. No es la primera vez que ocurre, y si no actuamos con firmeza, no será la última.
La situación es preocupante. En la región Sur, sectores han advertido que, si esta práctica continúa, municipios como Cabral podrían convertirse en verdaderos desiertos en cuestión de pocos años. La deforestación masiva no solo amenaza la biodiversidad, sino también la seguridad hídrica y el equilibrio ambiental de toda la isla.
Sin embargo, el problema no se resuelve simplemente deteniendo y deportando a quienes cometen estos actos. ¡Es indispensable que se les someta a la justicia! La deportación, sin consecuencias legales, solo provoca que estos infractores regresen y continúen destruyendo nuestros recursos naturales.
La tala indiscriminada de árboles en Haití es una crisis ecológica de gran magnitud. El país ha perdido el 97% de su cobertura forestal, producto del crecimiento poblacional, el cambio de uso de suelo, la agricultura de subsistencia y la producción de carbón vegetal. Esta devastación ha llevado a que miles de haitianos busquen nuevas tierras para explotar, muchas veces cruzando la frontera y atentando contra el medio ambiente dominicano.
No podemos permitir que la tragedia ecológica de Haití se replique en nuestro territorio. Es momento de endurecer las sanciones, reforzar la vigilancia en nuestras áreas protegidas y establecer un plan efectivo para preservar nuestros bosques. La protección del medio ambiente es una causa nacional, y como tal, debe ser defendida con determinación y sin titubeos.
¡La defensa de nuestros recursos naturales no admite indiferencia ni demoras!