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Por Francisco Tavárez
La acción del ministro de Turismo, David Collado, al multar a una constructora con RD$4 millones y emplazar a la misma a entregar el remozamiento del malecón de San Pedro de Macorís, envía un mensaje contundente sobre la importancia de la responsabilidad contractual y la transparencia en la gestión pública.
Este gesto refuerza el compromiso con una administración basada en principios éticos, donde el interés del pueblo prevalece sobre intereses particulares. La instalación de un reloj como medida de presión para el cumplimiento de plazos demuestra una supervisión activa y cercana a los procesos, mientras que la multa aplicada evidencia que las consecuencias son reales para quienes no cumplen con sus compromisos.
Su postura contra la corrupción marca un estándar elevado para la gestión pública en República Dominicana. Este tipo de liderazgo no solo fortalece la confianza ciudadana, sino que establece un precedente importante en la lucha contra las prácticas indebidas en los contratos gubernamentales.
Con acciones como estas, se asegura que los recursos públicos sean administrados con eficiencia y que los proyectos destinados al bienestar colectivo, como el malecón de San Pedro de Macorís, se entreguen en tiempo y forma. Este es un ejemplo de cómo la firmeza y la transparencia pueden transformar la percepción y el impacto de la gestión estatal.