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Por Francisco Tavárez
El reciente episodio en el kilómetro 9 de la Autopista Duarte pasará a la historia como un ejemplo paradigmático de cómo no gestionar proyectos de infraestructura pública. Luego de que el ministro de Obras Públicas, Deligne Ascención, hiciera una inauguración repleta de discursos y celebraciones, la realidad golpeó a los ciudadanos: los prometidos 14 carriles no resolvieron el problema de los tapones, y ahora la vía será nuevamente intervenida para trabajos de drenaje.
La pregunta que muchos se hacen es simple: ¿no era lógico realizar estas labores antes de inaugurar la ampliación? La falta de planificación es evidente. No solo se desperdician recursos en materiales y mano de obra, sino que también se multiplica el malestar de los ciudadanos que usan la carretera diariamente.
Esta situación plantea serias dudas sobre la capacidad de las autoridades responsables. Un proyecto que prometía ser la solución al caos vial ahora se convierte en un ejemplo de improvisación y desorden. Los fondos públicos invertidos en asfaltado y construcción, que nuevamente deberán emplearse en reparaciones y reconfiguraciones, no tienen justificación.
Este desatino del Ministerio de Obras Públicas no es solo un fallo técnico; es un agravio a los contribuyentes. La población merece respuestas claras: ¿quién planificó esta obra? ¿Por qué no se anticiparon las necesidades de drenaje? ¿Qué medidas se tomarán para evitar que estos errores se repitan en futuros proyectos?
No basta con inaugurar obras; lo que importa es entregarlas completas, funcionales y bien ejecutadas. Lo sucedido en el kilómetro 9 de la Autopista Duarte no solo demuestra una falta de visión, sino también un profundo irrespeto por el dinero público y por los ciudadanos que día a día padecen las consecuencias de una mala gestión.
Es hora de que las autoridades reflexionen, asuman responsabilidades y comiencen a planificar con seriedad. La ciudadanía no merece seguir siendo víctima de obras mal hechas que solo perpetúan el caos y la desconfianza en la gestión pública.