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Por Francisco Tavárez
En República Dominicana, la discusión sobre la reforma fiscal ha estado marcada, durante años, por intereses políticos y agendas partidistas. Sin embargo, es fundamental reconocer que esta no es una reforma que pertenece a un presidente en particular, sea Luis Abinader, Danilo Medina o Leonel Fernández. La verdadera reforma que necesita el país va mucho más allá de nombres o banderas políticas: es una reforma que ha sido pospuesta, y que República Dominicana ha estado evitando por mucho tiempo.
El país no puede seguir operando bajo un modelo en el que los déficits fiscales se cubren con préstamos. Esta estrategia solo aumenta la deuda pública, comprometiendo el futuro económico de la nación. La solución está en un sistema tributario más justo y eficiente, que permita recaudar más ingresos sin aplastar a las clases más vulnerables.
En resumen, la reforma fiscal no tiene que ver con un gobierno o un color político en particular. Se trata de una necesidad urgente para asegurar un futuro sostenible para República Dominicana. El país no puede continuar tomando préstamos eternamente. Es momento de recaudar más.
Uno de los pilares de esta reforma debe ser que los sectores más ricos asuman una carga fiscal más pesada. En un país con tantas desigualdades, es inadmisible que la presión fiscal recargue de manera desproporcionada a los sectores de menos ingresos. Las grandes empresas y los grupos económicos con mayores capacidades deben contribuir más para garantizar que los recursos del Estado sean suficientes para cubrir las demandas sociales.