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Por Francisco Tavárez
En el mes de febrero, el presidente Luis Abinader enfrentará un momento clave: su primera rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional en este segundo mandato. Este ejercicio de transparencia se enmarca en tiempos de desafíos significativos para la nación, así como en el contexto de su anunciada decisión de no optar por una nueva reelección presidencial. Además, se anticipan cambios importantes dentro de su gabinete, una medida esperada por muchos sectores que han observado con preocupación la gestión de algunos funcionarios.
Cuando un ministro administra de manera deficiente su área de responsabilidad, provocando una crisis en la política pública, y aun así permanece en su cargo, el mensaje enviado a la ciudadanía es de permisividad e inacción. Esto mina la confianza en las instituciones y pone en tela de juicio el compromiso del Gobierno con la eficiencia y la rendición de cuentas.
El presidente Abinader tiene el deber ineludible de tomar decisiones firmes, incluso cuando estas impliquen desprenderse de colaboradores leales o amigos de larga data. La verdadera lealtad hacia el pueblo dominicano exige priorizar la capacidad y el cumplimiento de los objetivos por encima de las relaciones personales.
La lealtad no puede ni debe prevalecer sobre la eficiencia en la administración pública. Solo mediante la implementación de políticas efectivas y la renovación de los liderazgos fallidos se podrá reforzar la confianza ciudadana y asegurar el progreso del país.