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Por Francisco Tavárez
La dinámica electoral en Estados Unidos es compleja y está influenciada por factores mucho más profundos que el desempeño en los debates. Aunque Kamala Harris haya logrado cerrar la ventaja de Donald Trump sobre Joe Biden y ahora lidere en delegados electorales, esto no garantiza una victoria en noviembre.
Los debates pueden ofrecer una plataforma para que los candidatos expongan sus políticas y enfrenten preguntas críticas, pero los votantes suelen decidir en base a una variedad de factores, incluidos los económicos, sociales, y hasta los prejuicios culturales y raciales. Harris, siendo una mujer negra en un país que aún enfrenta problemas de racismo y desigualdad, podría enfrentar obstáculos con ciertos sectores conservadores, independientemente de su desempeño en los debates.
Si Trump no ajusta su estrategia, sobre todo en temas económicos, podría perder terreno, ya que la economía sigue siendo una prioridad para muchos votantes. Sin embargo, la base electoral de Trump es sólida y está motivada por más que solo cuestiones económicas. La política identitaria, el populismo, y la retórica anti-establishment juegan un papel importante.
Es posible que Harris gane los debates y, aun así, Trump se lleve la presidencia, ya que el sistema electoral de EE. UU. no se basa en el voto popular, sino en el Colegio Electoral. Esto significa que ganar en ciertos estados clave puede ser más importante que un amplio respaldo popular. Un buen desempeño en los debates puede no ser suficiente si no logra movilizar a votantes indecisos o a los que tradicionalmente no participan en elecciones.
En última instancia, Harris tendría que superar no solo a Trump, sino a las barreras estructurales y culturales que aún existen en el electorado estadounidense.