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Por Francisco Tavárez
La reciente controversia sobre la lista de beneficiarios del programa de asistencia social Súperate ha dejado a muchos ciudadanos cuestionando la transparencia y el objetivo real de esta iniciativa. Que nombres como los de expresidentes Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina aparezcan como beneficiarios del bono navideño no solo genera asombro, sino también indignación. Este hecho evidencia una falta de rigor en los criterios de selección, dañando la credibilidad de un programa diseñado para asistir a quienes más lo necesitan.
El colapso de la plataforma digital, ante la avalancha de consultas de ciudadanos verificando su elegibilidad, expone fallas técnicas y operativas en la ejecución del programa. La directora de Súperate, Gloria Reyes, ha intentado calmar los ánimos asegurando que el sistema será restablecido pronto. Sin embargo, la pregunta sigue siendo: ¿cómo llegaron nombres de figuras públicas y económicamente solventes a una lista destinada a los más vulnerables?
La lógica del bono navideño es sencilla: brindar alivio económico a las familias de escasos recursos. Sin embargo, cuando personas con solvencia económica figuran en la lista, surge una duda crucial: si ellos no cobrarán el dinero, ¿quién lo hará? Esto plantea el riesgo de que intermediarios inescrupulosos puedan aprovecharse del sistema.
El daño a la confianza en programas de asistencia social es profundo. Más allá de ser un error técnico, esto representa un golpe a la percepción ciudadana sobre la justicia y la eficiencia en el manejo de recursos públicos.
El gobierno debe actuar con firmeza para reparar este daño. Transparencia, auditorías independientes y una comunicación clara con la ciudadanía son indispensables para evitar que este incidente erosione aún más la confianza en las instituciones.